PROSA FLAMENCO DEL SUSURRO DE UN ATARDECER ROSADO
Aunque es de noche he de advertirte de las palmas. Cientos de ellas. Cuando las escuches dispárales, dispara a cada una de esas perras; dispara y ocúltate detrás del eco de la bala, detrás del lejano cerro de oriente, detrás del atardecer rosado. Vendrán a por ti. Vestidas de mujeres hermosas, las más bellas del Gran Cairo; las más bellas de la Nueva España, las más bellas de México. Te hablarán con tanta poesía de antaño. Sus senos desnudos cobijarán tu pecho y tu rostro. Te confundirán conmigo. Ahí el tiempo no existe. Encerradas todas las amantes del pueblo bajo un eterno cielo mexicano que jamás se ve envejecer. Para ellas yo seguiré vivo. Susurrarán mi nombre (nuestro nombre). Todas esas palmas son huérfanas de padre. Sólo buscan el amor de un hombre que ha partido para no volver. Así nos han dejado en este país. Esperando y esperando. Ignóralas. Están acostumbradas. Ignora cada señal, cada susurro, cada palma. Baile tras baile esperarán a que nieve porque les han contado que afuera de los montes, en una lejana capital, Dios ha pintado los tejados de blanco. Están resentidas porque les han robado. Yo las he sacrificado. A cada una de ellas. Te hablará Mariana, oh Mariana. La idealizarás y soñarás con ella. Soñarás que se sube a tu cama mientras duermes y que te hace el amor. Soñarás con su baile de piso y de sábanas. Soñarás con esa gitana. Te susurrará y cantará. Todos los hombres le gritan y cantan ¡guapa! La extrañarás porque yo la extraño. No nos ha perdonado. Gitana de media noche. Bailarina de flamenco de piso en aquel callejón del beso. Pisadas firmes de tierras coloniales, conquistadas por España y por su carácter de Andaluz. Una vez entres en la tierra de sus palmas no habrá día que no te susurre. Querrás poseerla tanto. Tú huirás. Quiere que grites y que vuelvas para que terminemos juntos. Serán (seremos) uno cuando muera la tarde. La arena partirá y la guitarra de otoño llorará para ti. Una carta sin remitente me ha contado cómo han ido todos a por ella. La buscan. Orgullosa ha escrito tu nombre en la frente del pueblo. Le han disparado y su cuerpo habita entre las ruinas de una iglesia. No la desentierres. No dejes escapar su voz. Deja que muera la historia. Aunque el cielo se vea rosado y la ciudad te grite por auxilio, tú déjala muerta. Te advierto, hijo, que una carta sin remitente te hará volver ahí, el rencor a desconocer tu historia te encaminará, una carta sin remitente te recordará mi pasado (nuestro pasado), espero me perdones por esas raíces en letras que envolverá a las palmas de nuestra perdición;
(Palmas flamenco de raíz; palmas azules de luna vieja; palmas de sirena ahogada por cola cortada; palmas de dichos retenidos; palmas de lluvia de nochebuenas; palmas de tradiciones aplastadas y corroídas; palmas de sacrificios en juego de pelota; palmas de oro sin dueño; palmas de falso minotauro; palmas de valiosas esmeraldas; palmas de hombres nacidos donde sale el sol; palmas de ciudades flotantes y barcos de tierra; palmas cogedoras de eternas promesas; palmas de Quetzal; palmas negras de tienda de raya; palmas criollas de muerte mágica; palmas huérfanas de mexicanas; palmas del ombligo de la luna; palmas patrióticas; palmas de criminales liberados por una noche; palmas y lomos de burro quemados por el peso de un tesoro; palmas de cartuchos quemados en inocentes; palmas de borrachos y héroes fusilados; palmas de traición; palmas de voces que piden ser nombradas; palmas gritonas; palmas de ríos; palmas de montes; palmas del alba; palmas de hacendados con cabeza cortada; palmas de carbón enterrado y engañoso; palmas de azufre; palmas de una noche sin criaturas; palmas de Adelitas; palmas sin tiempo pero con memoria; palmas de listas borradas; palmas de caballos que vuelven arrastrando al jinete por el suelo; palmas de coros de machos; y entre esas palmas el verso de un susurro):
Escuchas un taconeo. No es flamenco, no son cañones (esos llegarán más tarde, entre gritos de libertad). La Josefa (cariño mío, dueña del inicio y del encarcelamiento), golpea, baila, taconea (tac tac). Campanadas de tacones divorciados, campanadas de boleros, campanadas de soles escalan por el vestido de su vestido y tejen una salida en forma de grito de voz ahogada; trágate las palabras de Hispania y hazlas arder dentro de ti. Corre y agarra el caballo. Cabalga para no volver: llévate al tiempo en su perlado lomo bayo, somos uno con él (centauros del nuevo mundo), nos temen, presencia y siente su temor en los ojos verdes del invasor. Deja que el sol te marque y tatúe tu rostro sobre su espalda, así sabrán que te pertenece y que le perteneces; aléjate más, aún no es suficiente, te siguen viendo, aléjate sin afrenta, aléjate sin azoramiento, aléjate hasta más allá del centro: afuera del centro todo es niebla. Grítanosa lo lejos, no nos olvides, nosotros oiremos, lo prometo (lo prometemos). En esta ciudad todos nos conocemos. Recios, recatados: olvida dos. Nos cobijan los arcos de serpiente. El agua dejará de correr algún día y arriba nosencontrarás gritando tu nombre. Las campanadas seguirán cantando por ti aún después de doscientos años. Llega a Guanajuato y tócalas allá, su sonido replicará, fuimos el inicio, que a nadie se le olvide. Recordaremos tu rostro cuando el caballo vuelva sin ti. El tiempo (nuestro tiempo) nunca termina. Tu ciudad no irá a ningún lado. Ciudad de poetas, ciudad del surrealismo, ciudad eterna. La cantera se sigue envolviendo en rosa ante los ojos de los cotorros verdes; vuelan y vuelan entre las casonas hasta que el atardecer los echa a dormir. ¿Ves esas parvadas de aves? Vuelan de regreso al templo de la cruz; dormirán sobre esas cruces que nunca se cansan. Vuelve con ellas si algún día te pierdes. Tac tac. El taconazo sigue sonando ¿lo sientes? Sólo somos los zapatos de la burguesía; somos los tacones de pensadores (nuestro pasado que sigue caminando y no se dejan enterrar); tacones que bailan en los jardines del centro. Los señores ven bailar a las damas, desde las bancas. El lustrador de zapatos sonríe. El quiosco enciende sus luces y la banda sigue tocando. Escúchala y canta con ella. Concédeme este paso antes de tu partida y sonríe conmigo. El sol se va y la iglesia enciende sus luces. Los más viejos entran a rezar. Las posadas son el manjar de diciembre. Por favor,dime que vuelves para ese desfile que tanto disfrutabas en la infancia. Ya te digo yo que volverás; volverás porque como esta ciudad no hay dos; volverás porque hasta los caballos se seducen por los taconeos de las Josefas que bailan en la alameda; volverás porque aquí hasta los gatos hacen poesía; volverás porque los cotorros no cierran los ojos cuando duermen. Cuando te decidas a regresar observa al cielo, toma la cola de la rosa en bengala y envuélvete ensus cenizas (nuestras cenizas, deja que te encierren), deja que se convierta en una parvada de pericos y agarra uno paraque cante así sepas que aquí, donde descansarás para siempre, es Querétaro; la rosa en bengala: la ciudad del atardecer rosado;
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.